tomada de eluniversal.com.co

¿Qué quieren los adolescentes?

Escrito por M. Cibeira, psicóloga

Acabo de cumplir 24 años, ser podría decir que recién he pasado el período adolescente. Como todos los adolescentes, yo también me rebelé. Todos hemos creído sentir la injusticia sobre nosotros, la desconfianza ante los adultos, las mentiras del amigo más íntimo, las humillaciones en público… y reaccionamos de la manera más natural: enfrentándonos o evitándolo.

Los jóvenes maduran en base a una secuencia de desarrollo, un continuum de etapas que deben ir superando a lo largo de su vida. Sin embargo, hay adolescentes que alcanzan el nivel más alto de desarrollo en algunas de ellas y además lo hacen de manera más rápida que otros, lo que supone que existan diferencias cuantitativas y/o cualitativas entre ellos.

Así pues, no es de extrañar que en una conversación entre dos madres involucradas en la educación de sus hijos, una afirme algo similar a esto: “no entiendo por qué mi hijo Pablo es tan infantil todavía, cuando habla con sus primos de su misma edad se comporta como un niño pequeño, y últimamente tiene rabietas cada vez que su padre le prohíbe algo”. Situaciones como estas son habituales entre los padres que sienten como su paciencia merma cada día y sus expectativas no se ven satisfechas.

Pero no solo la variación en la velocidad de maduración es característica en la adolescencia, también lo es el lenguaje.

Los adolescentes se vuelven más retraídos, bucean constantemente en una actitud reflexiva frente a su propio ser, construyen ideales propios, asumen roles sociales ajenos, cabalgan entre ideas completamente contrapuestas, son irritables, ofensivos y demandantes de sus propias voluntades, siempre ajenos a la actividad global de la familia.

Cuando estas actitudes no son comprendidas ni aceptadas en el núcleo familiar, comienzan las discusiones entre padres e hijos, algo que el adolescente busca de manera incesante reclamando la atención de sus progenitores y hermanos y con la intención de alcanzar algún propósito familiar, como el aumento de la paga.

Ante la negativa de los padres, el adolescente comienza una cadena de reproches, agresiones verbales y/o insultos, manipulaciones emocionales, destrozos del mobiliario familiar (en los casos más graves), etc.

Esto conduce a elevar la ansiedad en ambas partes, lo que supone una pérdida en el control verbal y comportamental de las figuras de autoridad, los padres, quienes ante la situación conflictiva solo desean una única cosa: que no se vuelva a repetir, que cese su conducta cuanto antes. ¡Error! La característica primera de un adolescente es el desafío y las reivindicaciones, elementos que el adolescente pone en funcionamiento para comunicarse ante los demás.

Evasión o victoria

Veamos una situación prototípica:

- Padre: Pablo deja de jugar y ayúdale a tu madre con la cena.

- Hijo: No puedo ahora.

- P: Ayúdale ahora, que después ya será tarde.

- H: Déjame en paz, ayúdala tú.

- P: No te lo repito más, llevas jugando toda la tarde con esa estúpida máquina, levántate de una vez y haz lo que te digo.

- H: (lanza el videojuego al suelo) ¡Estoy hasta las narices de vosotros! Solo tengo que cumplir órdenes, ¿por qué no llegas antes a casa y la ayudas tú? ¡Ojalá desaparezcas!

Cuando un padre inicia en tono imperativo una conversación hacia su hijo adolescente, y además no dispone del tiempo suficiente para estar con él, es muy probable que se desencadene el conflicto.

Un adolescente raramente está dispuesto a colaborar, y menos en las tareas domésticas, algo que ve totalmente improductivo.

tomada de actiweb.es

tomada de actiweb.es

Los padres de jóvenes adolescentes deben estar preparados para sobrellevar esta etapa de desarrollo por la que ellos mismos han pasado y que ahora experimentan sus hijos, pero éstos con más acceso a soportes tecnológicos, como menos restricciones sociales y más apoyo y comprensión educativos.

Es importante tomar conciencia de cuáles son las problemáticas habituales que pueden surgir en el seno familiar (negarse a hacer los deberes, negarse a comer, molestar deliberadamente a su hermano/a, hablar horas por teléfono, gastar grandes cantidades de dinero en objetos innecesarios…) es la primera tarea a la que deben enfrentarse los padres, de lo contrario, la suma progresiva de acontecimientos similares y de contestaciones comenzará a abarcar un terreno cada vez más amplio del que es muy difícil salir.

De manera preventiva, los padres deben hacer uso de su autoridad en el hogar, lejos de los imperativos, pero estableciendo de manera clara y objetiva los límites y responsabilidades de sus hijos.

La demora de la gratificación, que consiste en aplazar de manera temporal el refuerzo o premio que se le da a los menores, es una de las recomendaciones que los padres deberían poner en práctica, al menos si no se ha hecho antes, al comienzo de la preadolescencia, en torno a los 11 años.

De esta manera, evitaríamos el premiar a un adolescente cuando éste ha obtenido con éxito alguna de sus tarea. Por ejemplo, deberíamos evitar comprarle a nuestro hijo una camiseta cada vez que aprueba un examen de matemáticas.

No caigan en la tentación, ser padre es difícil, pero cuando premian constantemente y de manera inmediata a sus hijos por cada logro que alcanzan, están alimentando la personalidad de un joven que valora cada vez menos el arduo trabajo que ustedes hacen por complacer sus voluntades.

Sean padres responsables, que ya lo son, pero no se dejen llevar por los caprichos materiales de sus hijos adolescentes, pues vale más compartir el momento de una final de la Eurocopa de fútbol con su hijo que regalarle la equipación completa de la selección.

María Cibeira es licenciada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela

 

Compartir

¿Te ha gustado? Si has disfrutado por favor considera compartirlo en tus redes sociales, dejar un comentario o suscribirte a los contenidos por e-mail o por RSS

, , ,