tomada de elrancaguino.cl

¿Se puede enseñar a controlar los impulsos en la adolescencia?

Una de las quejas de muchos padres de adolescentes se refiere a que sus hijos no son capaces de controlar sus impulsos. En no pocas ocasiones los adolescentes adoptan conductas irreflexivas y vehementes que sacan de sus casillas a los atribulados padres.

Pongamos algunos ejemplos ilustrativos:

  • Están deseando levantarse de la mesa a la hora de comida
  • Se muestran quejicosos a la hora de ducharse o lavarse los dientes
  • Muestran impaciencia cuando se les dice que arreglen su cuarto
  • Son incapaces de permanecer diez minutos consecutivos sentados en su mesa de estudio
  • Manifiestan incomodidad cuando hay que acudir a actos sociales
  • Se enfadan exageradamente cuando se quedan sin batería en el móvil
  • Responden con exabruptos cuando le cambian los planes
  • Etcétera

Puede que, en algunos casos, consideremos normal que cosas como las anteriores sucedan. Pero lo cierto es que la falta de autocontrol por parte del adolescente puede ser un lastre el resto de su vida.

El test de la golosina

W. Misehel, investigador de la Universidad de Stanford, llevó a cabo un singular experimento en los años sesenta con niños preescolares. Muchos de ustedes lo habrán visto en documentales o en la prensa, consistía en que el niño era situado en una habitación con un experimentador, al cabo de un rato el experimentador desaparecía y dejaba una golosina delante del niño. Se proponía a los niños que si no comían la golosina, cuando el experimentador volviera se le daría otra golosina más.

Aproximadamente un 33% de los niños no esperaban la vuelta del adulto y cogían la golosina. Los dos tercios restantes, sin embargo, aguantaron las ganas de echar mano del suculento manjar y si esperaron el regreso del investigador.

Durante el tiempo en que permanecieron expectantes los niños mantuvieron todo tipo de comportamientos, desde no mirar para la golosina, cantar, rascarse, acostarse, etc. Un ejemplo de este experimento pueden verlo en Youtube, es muy recomendable.

tomada de youtube.com

tomada de youtube.com

Misehel llevó a cabo lo que se conoce en psicología como una investigación longitudinal, es decir trató de comprobar que pasaría en la trayectoria de estos niños unos años después, en su adolescencia. Él creía que aquellos niños que habían demorado la gratificación serían niños mejor adaptados. El autocontrol que habían mostrado al aguantar sin comer la golosina podría ser un buen predictor de conductas positivas en el futuro.

Como Misehel había pensado los niños que esperaron al experimentador y por lo tanto no se comieron la golosina evidenciaron, en su adolescencia, una mayor competencia social, superior confianza en sí mismos, mejor adaptación y mayor tolerancia a la frustración.

Los niños que sin embargo habían sucumbido a la tentación presentaban un perfil psicológico más problemático, más pendencieros, desconfiados, menos adaptados socialmente y temerosos.

El autocontrol en la demora de la recompensa parece ser un elemento determinante en el comportamiento de los niños y adolescentes. Imaginemos un supermercado, la  madre está haciendo la compra de la semana, el niño ve un objeto que le llama la atención. Inmediatamente el niño coge a la madre por el brazo y le pide que le compre eso que ha visto.

La respuesta de la madre es crucial. Si la madre cede y adquiere el objeto ¿qué habrá aprendido el niño?. Si la madre no cede, pero el niño emprende una rabieta hasta conseguir lo que quiere ¿qué habrá aprendido el niño?. Piénselo bien antes de ceder a los caprichos.

Pues bien, en la adolescencia no es distinto. Los padres pueden ser un magnífico referente para el control de impulsos.

La responsabilidad de educar al adolescente en el control de la conducta

Volvamos a usar la imaginación: Es la hora de la cena, como cada día prepara con esmero los alimentos. Llama a su hijo y le advierte que ya es el momento, toca poner la mesa. El tiempo va pasando y cuando se da cuenta observa que la mesa del comedor está vacía. El adolescente ha hecho caso omiso de su petición. Cabreado va a su habitación ¿te has vuelto sordo?, el chico ni levanta la cabeza “Ya voy, joder que prisas”. El cabreo va en aumento ¿estoy hasta las narices de repetirte las cosas?, el chico sigue impasible “pues no lo hagas”…el resto de la escena se la pueden imaginar, pero seguro que acaba mal.

Enfrascado en sus cosas, el adolescente responde con brusquedad al comentario de sus padres, no es capaz de ponerse en su sitio y entender su enfado.

Por su parte los padres saben que el sabor de la cena va a ser agrio, cansados de batallar todo el día es lo que menos desean.

¿Existen muchas diferencias entre el comportamiento del adolescente y el tercio de niños que no esperó y se comió la golosina?

tomada de co.class.posot.com

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Yo diría que solamente una, la edad. En esencia se trata del mismo comportamiento, en ambos casos el niño y el adolescente responden de la misma manera: cogen o dicen lo que les apetece sin tener en cuenta sus posibles consecuencias. Satisfacen sus deseos primarios de manera instintiva, sin reflexión. 

Este modo de conducirse puede acarrear consecuencias muy negativas. La falta de control de los impulsos perjudica la adaptación social y personal del adolescente.

El grupo de iguales rechaza a los chicos que no son capaces de autocontrolarse, en estas edades tiene efectos demoledores. El aislamiento social puede conllevar en el adolescente la creación de una imagen de sí mismo nociva y con ella la adopción de conductas perjudiciales para él y los que lo rodean.

La buena noticia es que se puede enseñar al adolescente a ejercer control sobre sus impulsos. Las siguientes sugerencias le ayudarán a conseguirlo:

  • Establezca normas claras y bien definidas en temas como: organización del estudio, aseo personal, convivencia, horas de ocio, uso del ordenador y móvil, etc.
  • Tome 10/15 minutos diarios para hablar con su hijo y preguntarle sobre los temas que a él le interesan.
  • Pase lo que pase o diga lo que diga, no eleve la voz, no se altere, mantenga la calma. Si usted no se controla no pida que lo haga su hijo.
  • Mensualmente haga una visita a su tutor del colegio. Anote y ponga en práctica los consejos que le den.
  • No afirme ni niegue tajantemente nada. Usted tiene la autoridad pero no la verdad sobre todo.
  • Practique la escucha activa. Deje que su hijo le cuente su versión antes de tomar una decisión.
  • Emplee un lenguaje positivo. Minimizar o ridiculizar los comportamientos, hiere.
  • Sea su ejemplo. Los adolescentes lo imitan todo, si usted muestra serenidad el chico responderá con calma.

Piense en la influencia que va a tener en la vida personal, social y profesional de su hijo el haber sido educado en el autocontrol. Será el mejor legado que pueda dejarle.

 

 

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