Fer y Lara se pelean

adolescente-rabiaYa estoy cansada, este chiquillo tiene prohibida la entrada en mi habitación. Hoy ha sido lo último, le he pillado entrando en mi ordenador, así que tiene bien merecida la colleja. Si vuelve a pasar le voy a romper la cara, es un maleducado.

 

 

 

madre-odioEsta vez te has pasado Lara, no tienes porqué pegar a tu hermano. No está bien que haya entrado en tu ordenador, pero para castigarlo estamos nosotros. No debes tomarte la justicia por tu mano. Además le has hecho daño y ahora se queja del golpe. No me gusta lo que has hecho, tendré que castigarte a ti.

 

 

adolescente-odioSiempre la misma historia, al bebé no se le puede tocar. No es justo, si hace algo mal tiene que pagarlo, y soy yo quien lo paga. Me da igual que me castigues o no, si lo vuelvo a encontrar se va a enterar. Toda la vida aguantando los caprichos del enano este.

 

 

 

Cosas de adolescentes

Los conflictos entre hermanos son tan antiguos como la humanidad. La mayoría de los encontronazos se producen por la ocupación del espacio o la posesión del objeto. Nos guste o no somos “animales territoriales” y nuestras disputas no son muy diferentes de las que tienen otras especies.

Si usted va un parque infantil se dará cuenta. Vaya a la zona de los más pequeños y quédese unos minutos observando su actividad. A los pocos minutos verá como uno de los niños (niño A) trata de ocupar el balancín que otro (niño B) está utilizando, lo más curioso es que cuando lo logra, si lo logra, no quedará en el balancín, sino que irá detrás del otro niño. Si el niño B, ahora va al tobogán, seguramente el niño A irá también, tratando de subir antes que él. Y así pueden pasarse horas, para disfrute de los fisioterapeutas de madres y padres.

Cuando usted sale del parque se olvida del otro niño, ¿pero que pasa cuando son hermanos y la casa se convierte en la selva?

El nacimiento de un hermano supone la primera invasión del espacio del hermano mayor. Acostumbrado a ser el rey de la casa, de repente el hermano mayor pasa a un segundo plano, por mucho que lo preparemos e intentemos minimizar sus efectos, esto funciona así. El conflicto está servido.

En la adolescencia la situación no es muy distinta. Habitualmente el hermano pequeño reclama la atención del otro hermano, es natural se aprende por imitación y por eso contempla con avidez todos sus actos. Como los pequeños suelen ser muy cansinos, al rato, el hermano mayor acostumbra a repeler los intentos de acercamiento, no siempre con buenas formas.

Pero si algo nos sorprende es lo distintos que pueden llegar a ser, entre sí, los hermanos. Muchos padres muestran su desconcierto ante este hecho, ¿como puede ser posible que sean tan diferentes si los hemos criado igual?

La razón es muy simple, es una cuestión de ocupación del espacio. Imagínese que el mayor es un chico ordenado, tranquilo y de carácter afable, si el pequeño quiere hacerse notar no lo va a conseguir siendo ordenado, tranquilo y afable, por decirlo de otro modo, ya está el rol adjudicado. Lo que hará el pequeño será buscar un nuevo rol que le permita tener su propia identidad.

Parece complicado, verdad. No tanto, todos queremos ser únicos, distintos, especiales, buscamos que nos valoren y que reparen en nosotros. ¿Cómo lo conseguimos?, distinguiéndonos de los demás, siendo singulares.

Los adolescentes se encuentran en pleno proceso de individualización, de búsqueda de su propia identidad. En este proceso los enfrentamientos forman parte del plan, son necesarios. No debemos asustarnos cuando ser produzca una pelea, lo relevante no es la pelea en sí misma, sino como ayudamos a nuestro hijo adolescente a resolverla.

No perciba el conflicto como algo negativo, dele la vuelta. Aproveche las disputas para enseñar a su hijo como debe proceder ante la presión. Y recuerde, aprendemos por imitación, lo que vea en casa será lo que haga fuera.

Secuencia para una resolución razonable

  • Dimensione el problema. No es fácil evaluar el calado de un problema cuando el adolescente se encuentra en modo cabreo. El mero hecho de que nos plantee algo de manera impulsiva puede llevarnos a responder también nosotros de esa manera. Por lo tanto, en un primer momento “muérdase la lengua”, inspire y trate de responder con calma al cabreo.
  • Analice antes los hechos que sus consecuencias. Un error común de comunicación que cometemos es empezar nuestra valoración de la situación por el final. Lo que resuena en los oídos de Almu son las últimas palabras de su hija “Si vuelve a pasar le voy a romper la cara, es un maleducado”, es humano que lo que más nos molesta sea lo más fuerte que escuchemos. Haga un esfuerzo y trate de ordenar las cosas, empiece con los hechos.
  • Ojo con el principio de autoridad. Usted tiene la legitimidad para sancionar como crea más conveniente los comportamientos no deseables de sus hijos, ahora bien, hágalo convenciendo no venciendo. Si aplica la autoridad sin más, su hijo no habrá aprendido.
  • Reúna a las partes. Deje que los chicos expresen su punto de vista sobre el conflicto. Para ello cada uno tendrá su turno de palabra, que debe ser respetado por el otro. Durante la exposición de sus razones están prohibidos los insultos o las palabras descalificantes. Simplemente que digan que ha pasado según su punto de vista
  • No tome partido. Los dos adolescentes están molestos y creen que tienen razón, es lo esperable. Tratarán de ponerle a usted de su lado, así que no emita juicios de valor. Actúe como un mediador, manténgase firme ante la manipulación, que aprendan que así no conseguirán su favor.
  • Sea claro y conciso. Diga lo que le ha molestado y lo que han hecho incorrectamente. A continuación proponga soluciones para que no vuelva a repetirse.
  • Llegue a acuerdos. No debe haber vencedores ni vencidos. Su propuesta de solución debe ser aceptada por las dos partes.
  • Cierre el tema con afecto. Son sus hijos, lo que usted más quiere en este mundo, transmítaselo. Acabe la cuestión con un abrazo sincero, tóquelos, que sientan calor.

 

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